La experiencia más dura y más gratificante de mi vida

 

 

Hoy hace ya una semana, a esta misma hora, me preparaba la cena previa a la maratón, después de levantarme tarde y pasarme gran parte de la mañana en la expo maratón recogiendo el kit y matando los nervios. Con todos los elementos listos solo me faltaba cenar un poco y acostarme a descansar antes del madrugón.

 

Mientras ceno pienso en cómo pasa el tiempo sin darse uno cuenta, hace un año, después de 6 meses de inactividad, decidí volver a correr y decidí hacerlo en el nuevo y creciente equipo de un gran entrenador, Bucletraining de Andrés Barraza Patueli. Además, no solo decidí volver, si no hacerlo para correr mi primera maratón, algo que cuando empecé a correr en 2014, siempre lo veía como algo que yo no haría, pero que esta vez decidí hacer y con tanta convicción que siempre estuve seguro que lo terminaría, de mejor o peor manera, con más o menos tiempo, pero lo iba a terminar, iba a terminar la que dicen que es una de las más duras maratones de Latinoamérica. Curiosamente, todo el mundo al que le contaba que esta iba a ser mi primera maratón me dijeron, “en serio? Pero si es durísima”, el único que no lo dijo fue Andrés quien no estaba muy convencido cuando se lo comenté pero me preguntó, ¿estás seguro?, y no sé si fue la convicción de mi respuesta o mi cabezonería pero me dijo, “está bien, démosle”.  Y un año después, con entrenamientos (muchos), desgarros, mucho menos kilos y un estómago funcionando fenomenal, ahí estaba yo apunto de mi mayor desafío.

 

Esta ha sido, sin lugar a ningún tipo de dudas, la experiencia física más dura de mi vida hasta el momento, pero también creo que las más gratificante después del nacimiento de mi hija. Tampoco tengo ninguna duda de que esto lo he logrado por tres cosas, mi convicción, mis entrenadores y mis pacers.

En primer lugar mi convicción, gracias a ella pude mantenerme firme en los entrenamientos, en mi dieta, en mi retorno después de la lesión, eso me permitió pegarme saltos de 13 segundos entre controles mensuales y seguir superándome en los entrenamientos, también me permitió seguir entrenando hasta en vacaciones.

En segundo mis entrenadores, Andrés Barraza, quien no es solo una inspiración, si no que es un amigo que cree en su gente y los apoya hasta el final, que tiene este proyecto de bucle como parte de su ser y lo da todo para que mejoremos día a día. Que se preocupa por nosotros, en la pista y fuera de ella, básicamente representa todo lo que es un entrenador y amigo. También el sargento de hierro Benjamín Ríos, que son sus preparaciones físicas nos machaca, pero gracias a ellas podemos progresar y aguantar tanto. Que nos acompaña y nos alienta en los entrenamientos de los runners de los sábados esperando con paciencia hasta que llegue el último para asegurarse que elonga y se hidrata como corresponde.

Y en tercer lugar a mis pacers, en especial a Lorena Portugal y Constanza Ríos, que no solo se preocuparon de acompañarme ese día, si no que me cuidaron y se preocuparon de mí los días previos a nuestro gran triunfo. De Hugo Leyton, a quien yo tuve el placer de acompañar en su primer 21K en la eMDS del 2015 y que de manera totalmente sorpresiva se plantó en escuela militar para acompañarme hasta el final. Amigo, ya sabes que puedes contar conmigo cuando tomes la decisión de tomar este desafío de los 42K. A la Caro Courbis que me distrajo un buen tramo tratando de darme su clase particular de lingüística chilena (jajajaja) y al Ale Mesa, siempre apoyando y siendo un gran aporte para los metros finales. A todos ellos gracias por nuestro triunfo, porque no es solo mi triunfo, es el de todos como equipo.

 

Siempre me he sentido muy orgulloso de los equipos de los que he participado, porque me ha tocado ser parte de unos tremendos grupos humanos, pero sin duda, que Bucletraining es EL grupo humano, donde realmente siento que encajo rodeado de una gente excepcional que siempre me tuvo presente a la distancia y que, incluso, me mandó muchos gritos por WhatsApp cuando corríamos.

 

Para terminar, quiero dedicarle mi triunfo a mis padres y hermanos, en primer lugar a mi madre que, después de 39 años de conocerme, aun no termina de creerse que su hijo, históricamente de poco a nada deportista, ya es un maratonista. Y a mi padre, el verdadero maratonista de la familia, que siempre ha sido una gran inspiración para mí. A mis hermanos, que siempre me alentaron en la distancia. También a mi mujer y a mi hija, a las que quiero más que a nada, por aguantarme todos los entrenamientos y dietas raras que me han llevado hasta aquí.

 

Y dicho lo importante, si alguien quiere seguir leyendo los pormenores de la carrera, aquí los dejo, pero los pongo al final porque ando inspirado y me quedó un poco largo (casi parece novela):

 

4:45 suena el despertador, me levanto a por mí desayuno recomendado por la nutricionista (un batido de proteínas y dos galletas de arroz), ducha, baño y sin darme cuenta, estaba listo en el coche mandando los primeros mensajes al chat del equipo pero aún muy concentrado y sin nervios.

 

Llego al centro poco antes de las 6 y consigo estacionar en San Ignacio como lo planee, un lugar cerca para usar como centro logístico pero lo suficientemente lejos como para que no me afecten los cortes de la maratón. Junta con el equipo y según el programa, foto grupal y a calentar “poquito porque ya vais a correr mucho rato”, nos dice el coach. Comienza el calentamiento, y el talón de Aquiles izquierdo comienza a molestar levemente, algo que me preocupa porque me lleva molestando las últimas semanas y solo se arregló con el masaje de medpro, pero decido ignorarlo y seguir.

 

7:50 con más ansia por empezar que nervios, nos vamos como equipo a encajonar, en mi caso con Juanote, con quien me comprometí a correr, para poder irnos controlando que llevamos el ritmo según el plan. Ya en el encajonamiento me pongo a repasar el recorrido y el plan. Esta es la primera vez que manejo un plan tan detallado, ni en 10K ni en 21K lo llevé a tanto detalle, solo un ritmo medio al que debía correr. Pero esta vez, nuestro entrenador Andrés Barraza Patueli se aseguró de enviarnos los distintos planes para que cada uno siguiese el que le correspondía. Se da la cuenta atrás y partimos, acelerados por la emoción y tratando de bajar la velocidad para ponernos en ritmo y no pasarnos antes de tiempo. Llegamos a avenida España y empiezan los primeros inconvenientes, el reloj se marea y no sé si voy muy acelerado o en ritmo, me preocupa un poco, porque un acelerón ahora lo puedo pagar muy caro después. Con nos acercamos al hipódromo y los relojes parecen arreglarse, así que tema superado, pero por el Km 4 me empieza a pinchar un poco el gemelo derecho, mal presagio, porque es el mismo punto del desgarro de Diciembre, pero no me pienso rendir, sigo adelante y ya veremos qué pasa. Sin darnos cuenta, empezamos a subir por Avenida Matta con un gran pelotón de gente, una subida dura y larga, pero que se me hizo más corta de lo que esperaba. Además, la gente animando que empieza a aparecer por allí, lo hace más ameno. Llegamos a campo de los deportes y Antonio Varas, uno de los primeros lugares donde se empieza a acumular el público, es emocionante ver como mucha gente relacionada o no con el tema de la maratón, empiezan a aparecer y a animarte de forma a anónima, sin conocerte, solo por verte pasar y como muchos niños te extienden la mano para que se la choques. De ahí enfilamos Pocuro, igual lleno de gente, y donde el amigo Soruco, que está corriendo los 21K a mucha velocidad, nos alcanza y nos da ánimos mientras nos deja atrás. Llega el momento en que alcanzamos los Leones lugar donde los de Maratón nos separamos de los de 21k (hasta ese momento el circuito era el mismo) y comienza todo el circuito nuevo. Poco a poco, mi compañero se empieza a acelerar y yo a cansar, el gemelo sigue haciéndose notar, pero nada que no se pueda superar. Llegamos al arco del 21K, no sin antes sufrir una dura subida donde perdí a mi compañero porque empiezo a sentir cansancio y sed. Me llama la atención que junto al arco, se encuentran dos de los Keniatas mirando la carrera, yo no termino la mitad y ellos ya están cruzados de brazos viendo al resto impresionante. Comienzo la subida a hacia la rotonda Grecia y me llevo la primera gran sorpresa de esta carrera una de mis pacer, Lorena Portugal, a la que yo esperaba encontrar en el km 34, aparece junto a mí por sorpresa, para acompañarme desde allí, luego nunca le pregunté cómo se gestó este cambio de planes, pero no me pude sentir más feliz de verla, su compañía sabía que iba a ser un gran aporte para terminar, sobre todo en este punto en el que estaba más cansado de lo que había planificado. Me consiguió una botella de agua en lo que yo cruzaba la rotonda y cuando me la tomé fue como una bendición. De ahí entré en Vespucio, creo que la segunda parte más bella de la maratón, pese a que desde aquí empezaron los calambres y que me dolía cada músculo de la cintura para abajo, la sensación de recorrer este tramo con tanto desconocido dando aliento (y tanto automovilista echando puteadas, que no falta), creo que solo la supera el tramo desde estado hacia abajo donde se forma el túnel de gente que da paso a la meta. Con todo el empuje de la Lore, llegamos hasta el km 29 donde, no solo me esperaba mi segunda Pacer María Constanza Ríos, si no también un viejo conocido, Hugo Leyton, quien apareció sin yo saberlo para acompañarme hasta el final. Con ellos partí esta segunda parte que incluía el llegar al famoso muro de los 30 (casi me paro solo a sacarme una foto en el lugar de lo emocionante que fue llegar a ese punto), las últimas subidas y por fin, empezar a bajar. Ya en la bajada, empezaron a darme un poco de descanso los calambres, no así los problemas de respiración (como que me faltaba el aire en ocasiones) ni el agotamiento. En ese punto, mi consumo de gomitas se había desordenado totalmente, solo los recordatorios de la Cony, me hacían ir tomando en previsión de futuros bajones. Pasamos la rejilla donde el costanera con cuidado y pies de pato, como nos recomendó el coach en la charla y llegamos un poco más abajo donde nos esperaba Carolina Courbis para inspirar mis últimos kilómetros con muchos improperios no reproducibles. Hasta se hizo famosa entre los otros competidores, por darme patadas en el poto desde la bici, para darme más velocidad (es que es una en un millón). Ya en la Alameda, de camino a la plaza Italia, se nos sumó otra sorpresa, nuestra amiga Luzma de Road Runners, se me agarró del brazo como polola, para acompañarme unos metros más entre risas y ánimos. Por fin, después de pasar por el túnel de agua de plaza Italia, enfilo los dos últimos kilómetros, no sin antes despedirnos de la Caro Courbis y sumar de nuevo a Lorena Portugal y a su marido Alejandro Mesa, como parte del pelotón de pacers que me acompañarían hasta el final. Un final que, he de decir, los dolores no me dejaron disfrutar tanto como esperaba pero, que tampoco nunca creí que iba a ser tan acompañado y especial, mis pacers y yo avanzando entre gritos de cientos de conocidos (Juan y la Cote que nos gritaron como locos de sorpresa) y desconocidos, unos con sus medallas al cuello, con poleras de otros equipos o simplemente público que estaba esperando a sus conocidos, todos animando para dar ese último aliento que me ayudó a cumplir con el acelerón final que aplico en todas las carreras (nunca pensé que lo lograría en esta) y llegar a la meta con mi guardia de pacers para lograr una excelente foto que resume todo (gracias a los excelentes fotógrafos de Runchile).

 

 

Gracias y Grande Bucletraining.

Please reload

Recent Posts

April 25, 2018

October 5, 2017

Please reload

Archive
Please reload

Search By Tags
Follow Us
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Instagram Social Icon