Mi Primera Maratón: Mendoza, un Circuito Bastante Engañador

May 5, 2018

 

 

La Maratón de Mendoza es un circuito que se realiza en Luján de Cuyo, una ciudad ubicada en la provincia de Mendoza, Argentina. La largada de los 42K parte en el puente colgante Cacheuta, un lugar ubicado a los pies de la Cordillera de los Andes; y termina en el Parque General San Martín, en el centro de la ciudad de Mendoza.

 

Todo comenzó el día 29 de abril, a las 8 de la mañana. El frío era increíble, por lo tanto, tuve que realizar mi primer experimento nunca probado, correr con maguillas. Pensé, “¿me molestarán en el camino?, ¿me harán heridas en los brazos?”, pero finalmente decidí no pensar tonterías, porque tampoco era tan terrible. Andrés (mi coach y mi hermano) nos recomendó a Ítalo, Constanza y a mí (los tres inscritos en la largada) que no viésemos el reloj, ya que en los días anteriores fuimos a reconocer el recorrido, y había muchas bajadas y algunas subidas bastantes pronunciadas en los primeros 15K, que eso podía perjudicar un poco, ya que no es muy bueno que el circuito tenga muchas bajadas, porque las piernas comienzan a debilitarse un poco más que en circuitos más planos.

 

Y comenzó la largada, al principio sentía mucho frío, pero prontamente comencé a aclimatarme. Los primeros 5K tenían unas bajadas bastante pronunciadas. Cometí el error de mirar el reloj, y vi que mi velocidad actual parecía de 100 metros planos, nunca había corrido a esa velocidad, porque lógicamente estaba corriendo en bajada, me asusté un poco, sin embargo, decidí seguir los consejos de Andrés de no mirar el reloj en las zonas de pendientes.

 

Los puntos de hidratación eran bastante buenos, ya que abastecían de agua embotellada, geles, bebidas isotónicas embotelladas y plátano, por lo tanto, me sentí hidratado y bien alimentado todo el tiempo. Pasé los primeros 15K sin ningún problema grave, estaba muy contento ya que iba a un ritmo bastante bueno.

 

Pasando los 15K, comenzaron los lugares más lindos de la carrera. Las calles tenían una gran abundancia de árboles, pasábamos por zonas rurales de ciudad en el que algunas personas apoyaban fuertemente a los corredores, me sentía muy libre y muy apoyado. Cerca del kilómetro 20, comencé a sentir un poco duras las piernas, y me puse a pensar “esto debe ser algo emocional, todo es psicológico”. Me puse algo emocional, comencé a acordarme de lo mucho que quiero a mi familia, mi pareja y mis amigos cercanos. Al tomar consciencia de eso y botar algunas lágrimas al recordar episodios de mi vida, se me pasó el dolor, era realmente algo emocional.

 

Cerca del kilómetro 25, estaba parte de mi circulo familiar y mi coach, apoyando de una forma maravillosa mi logro hasta ese momento. Andrés me apoyo y alentó de forma increíble, como hermano mayor. Sin embargo, no todo terminaba ahí, todavía quedaba mucho por delante. Mi hermano me recordó: “Javito, recuerda que en el kilómetro 27 está la última subida pronunciada de la carrera, prepárate psicológicamente para eso”.

 

 

Al visualizar desde lejos la temida pendiente del kilómetro 27, reuní fuerza psicológica para lograr ese ascenso. Fue muy dificultoso, pero logré subirlo.

 

Pensé que todo lo complicado había terminado, sin embargo, no paraba de subir y subir, y subir, y subir, y subir, además, el calor estaba siendo insoportable. Durante la ruta, muchos espectadores argentinos me gritaban “Vamos Chile, ¡con todo!”.

 

Cerca del kilómetro 30, me encontré con Coni, comenzamos a correr juntos por un rato. Ella me decía “Javito, de aquí en adelante todo es mental, ¡tú puedes!”. Ese mensaje me ayudó mucho para continuar mi circuito.

 

Pasado en kilómetro 30, lo que me dijo Coni se hacía realidad. Las piernas estaban comenzando a fallar, los descensos del principio me habían cansado demasiado. Cerca del kilómetro 35 ya deliraba, recordé lo mucho que amo a mi familia, a mi pareja y a mis amigos. Recordé los entrenamientos, episodios de mi infancia, al equipo y muchas cosas más. En el kilómetro 38, ya estaba casi decidido a detenerme, las piernas no respondían muy bien y ya estaba corriendo por inercia. Posteriormente, decidí no pensar más en mis piernas y lograr sólo un objetivo, me dije a mí mismo: “No voy a pensar ni en mis piernas, ni en el tiempo, ni en nada. Solamente quiero terminar”.

 

Pasado el kilómetro 40, había mucha más gente alentando a los corredores, eso me dio mucha energía para seguir. Ocurrió algo que me afectó más en los últimos kilómetros, la marca del kilómetro 41 estaba mucho antes, ¡entre el kilómetro 41 y 42 había 500 metros de distancia!, eso me hizo sentir más largo el último kilómetro.

 

A pocos metros de llegar, el público alentó mucho y, finalmente logré llegar. Estaba muy feliz y me sentí muy realizado. Sentí tanta felicidad y satisfacción. Había terminado por primera vez la distancia más larga de circuito de running. En la meta, tuve que pedirles permiso a mis piernas para caminar, ya no podía moverme ningún paso más, pero ya daba igual, cumplí con el objetivo y ahora podía darme mi tiempo para moverme lentamente y descansar.

 

Hoy puedo decir que soy maratonista, y todo se lo debo a mi hermano y coach Andrés Barraza, sin él, este logro no había sido. Mis próximos objetivos deportivos serán realizar mi primer Trail y mi primer Triatlón, y seguir en el mundo de las maratones.

 

 

 

 

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